El Chamán viaja a otra realidad

Entrevista realizada por Victor-M. Amela. Diario La Vanguardia. 27 de agosto de 2006

ALICIA LUENGAS

Nací en Veracruz (México) y vivo cerca do San Diego (California). Estoy casada. No tengo hijos. ¿Política? Habitante del mundo, del universo. ¿Dios? Trabajo con entidades espirituales, cuyo poder emana de la energía del universo. Soy una aprendiz del chamanismo: es un método para acceder a la experiencia de la realidad espiritual, algo ajeno a toda religión estructurada.

De la teoría a la practica.

Tiene aspecto de tranquila ama de casa, o de profesora, pero es chamana. Tuvo sus primeras experiencias chamánicas, inesperadas, cuando convivía con pobres indígenas yaqui y zapotecas en México. Entonces era religiosa franciscana. Luego dejó la «religión estructurada» y se adentró en los estudios del antropólogo Michael Harner, pionero en el estudio del chamanismo: Harner empezó como teórico, luego hizo trabajos de campo y acabó por zambullirse en experiencias chamánicas y practicar curación chamánica. Hoy, Alicia Luengas es su mano derecha e imparte talleres sobre la materia. Ha venido a Lleida para impartir tres talleres sobre «la senda del chamán», «los espíritus de la naturaleza» y «el más allá».

¿Es usted chamana?

Nadie que lo sea se lo llama a sí mismo. Es la comunidad la que señala a alguien como chamán.

¿A usted se lo llaman?

Vienen personas que piden ayuda para su vida, sus relaciones, su salud, para sus seres queridos…

¿Qué es un chamán?

Es una palabra tungus que significa el que viaja, el que ve, el que sabe. Y todas las culturas primitivas han tenido siempre a hombres o mujeres así en cada una de sus comunidades.

¿También Occidente?

¡Eso eran los druidas célticos! Pero el dominio de las religiones estructuradas sofocó las prácticas y la cosmovisión chamánicas.

El chaman, ¿adonde viaja?, ¿qué ve?, ¿qué sabe?

Hay otra realidad, y el chaman viaja a ella. Y, allí, accede a datos, informaciones, conocimientos, saberes que sus guías espirituales le transmiten.

¿Qué guías son esos?

Antepasados tuyos, almas de personas, espíritus de animales, presencias que te ayudan… ¡Todos tenemos guías espirituales! Usted también. Basta con conectarse.

¿Cómo hace usted ese ‘viaje’?

Tienes que abandonar el estado ordinario de conciencia y entrar en un estado modificado de conciencia.

¿Y cómo se consigue eso?

Los estudios del antropólogo Michael Harner, mi maestro, han demostrado que solo el 15% de culturas chamánicas ha usado sustancias alucinógenas, mientras que el 85% ha usado sonidos.

¿Sonidos?

Sí: toques rítmicos de tambor (con una cadencia similar al latido del corazón), o de maracas, o de palos. Yo los uso para mis viajes.

¿Así de fácil?

El chamanismo es un método para incursionar en la otra realidad. No es una fe, un dogma, una creencia: es un método, una experiencia.

¿Puedo aprender ese método?

Claro, y entrenarse. Sin necesidad de acudir a ninguna tribu primitiva: Michael Harner estudió todas las tradiciones chamánicas y tomo lo que tenían en común, despojándolas de sus particularismos culturales. Y sistematizó el método chamánico.

¿Qué tendría yo que hacer?

Primero, tener intención: querer ir al otro mundo. Luego, escuchar el tambor, pero con el propósito de actuar con los guías espirituales.

¿Quiénes serán mis guías?

Pruebe, están ahí, emancipados del tiempo y del espacio.

Si hago eso, ¿qué conseguiré?

Reconectar con su esencia espiritual, su alma, con lo que es desde siempre. Y así recupera pleno poder sobre si mismo: y podrá saber qué le pasa, y, por tanto, qué le conviene hacer, cómo sanarse.

No está mal.

Y puede llegar cierto punto en que sus guías espirituales pueden serle útiles también a los demás.

¿Ese fue su caso?

Sí. Una antepasada mía me expreso deseos de curar a través de mí. ¡Y eso hago desde hace ya 18 años!

¿Por eso a los chamanes se les llamó también hombres-medicina?

Fueron ellos los que, hace al menos 10.000 años, aprendieron de esos viajes espirituales las virtudes curativas de muchas plantas. Y dónde estaba la caza, y qué hacer…

Reláteme alguna de sus experiencias de curación.

Una mujer tenía cáncer, la trataban médicos en el hospital de San Diego, además de terapias alternativas, y acupuntura, y medicina chamánica.

Con usted.

Sí. Y sus células cancerosas desaparecieron. ¡Se curó! Su deseo era que sus hijos estudiasen en cierta prestigiosa universidad. Ella se puso fuerte, tuvo trabajo, al marido empezó a irle todo bien…

Y los hijos pudieron ya entrar en aquella universidad.

Sí. Y, entonces, ¡el cáncer volvió!

Vaya.

La mujer, muy rápidamente, murió. Hice un viaje al otro mundo y mis guías me explicaron: «Ella venció: cumplió su deseo, y entonces su alma se sintió ya preparada para irse. Y, tranquilamente; se fue».

Si sus guías lo dicen…

Entendí que lo de curar está en función del proceso del alma de cada individuo, particular, complejo…

¿Qué dice la ciencia de todo esto?

A la comunidad científica le cuesta aceptar la eficacia del chamanismo: prefiere creer que los análisis estaban equivocados… ¡Pero cada día hay mas científicos investigando los mecanismos del chamanismo!

¿Qué curación chamánica practica más a menudo?

Por accidentes o traumas -grandes o pequeños- padecemos pérdidas parciales del alma. Y nos sentimos incompletos o vacíos, e incurrimos en adicciones. Podemos recuperar esa porción de alma y devolverla.

¿Y si siento un dolor en el pecho?

Puedes estar cargando con alguna adversa intrusión espiritual. Se te metió. Pero podemos extraerla.

Víctor-M. Amela

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Dibujos Pilar Mena – Fotografías Stephan Wallot y Carme Tena